Los trabajos que perdí I
enero 30, 2009
Uno de los momentos de mayor desazón de mi vida, fue durante una tarde de invierno, hace algunos años. Pocas veces me sentí tan desilusionado, tan frustrado, tan descontento. Recuerdo los rostros de las personas que me rodeaban, recuerdo sus expresiones, la penumbra de esa habitación, el olor a casona vieja. Todo era muy lúgubre, muy triste, a pesar de que a mí alrededor se escuchaban risas, bromas de mal gusto en las que me querían hacer participar. Fue la última vez que pisé ese lugar, en ese instante me lo propuse, sabía que no me volverían a ver, que no los volvería a ver. Antes de irme me despedí como si nada, imagino que nadie sospechó, que logré disimular todo mi malestar. Luego salí, respire hondo el aire frío de la calle y huí, literalmente huí.
Es el peor trabajo en el que he estado y, aunque parezca una contradicción, en el que más tiempo he durado. Una editorial de textos educativos en el Centro de Lima cuyo nombre no pienso repetir porque a veces, como una auto-terapia, intento olvidar. Fue el tercer trabajo en el que estuve y llegué casi de casualidad, como quien cae en un pozo ciego. Me pagaban al destajo, esa terrible modalidad de pago en la que al final del mes suman todo lo producido. ¿A qué me dedicaba? ¿Cuáles eran mis labores? Pues era una especie de editorcorrectordiseñadordiagramadorretocador y por cada una de mis funciones había un precio estipulado. Cada uno de ellos era muy bajo, por cierto. No puedo negar que aprendí algunas cosas, pero el sacrificio que tuve que pagar fue muy costoso. Nunca me pagaron a tiempo, en el año y medio que estuve ahí no hubo una sola vez en la que el sobre en el que nos entregaban el dinero en efectivo estuviese listo el día estipulado. Y las demoras no eran precisamente de un par de días, alguna vez pasaban casi 15 días hasta que se dignaban a pagar.
Creo que cometieron conmigo todos los abusos laborales imaginables. Me vejaron de todas las formas posibles y se aprovecharon de mi necesidad, de mi inexperiencia. Nunca mis proyecciones de salario coincidieron con mis cálculos previos, se las ingeniaban para frenar mi producción, para corregir cosas que estaban bien y para inventar mil excusas. Si un mes había calculado 1000, ese mes recibía 600 y en un par de ocasiones ni la mitad de eso. He vuelto a hacer desde el comienzo trabajos que ya estaban terminados, he pasado horas volteando textos para luego darme cuenta de que ellos no tenían ningún reparo en piratear.
Como era de esperarse, sus textos eran de dudosa calidad, por no decir que eran rotundamente terribles. Alguna vez los vi en grandes librerías y en vez de sentir cierto orgullo, sentía vergüenza de que exhibieran algo así. Por suerte nunca firmé nada, nunca quedó alguna huella de mi paso por ese lugar. Sólo el recuerdo, como una molestia sonsa que me acompañará toda la vida, como ser estreñido, como sufrir de gases. Algo digestivo que al cagar ya se habrá ido.
