Uno de los momentos de mayor desazón de mi vida, fue durante una tarde de invierno, hace algunos años. Pocas veces me sentí tan desilusionado, tan frustrado, tan descontento. Recuerdo los rostros de las personas que me rodeaban, recuerdo sus expresiones, la penumbra de esa habitación, el olor a casona vieja. Todo era muy lúgubre, muy triste, a pesar de que a mí alrededor se escuchaban risas, bromas de mal gusto en las que me querían hacer participar. Fue la última vez que pisé ese lugar, en ese instante me lo propuse, sabía que no me volverían a ver, que no los volvería a ver. Antes de irme me despedí como si nada, imagino que nadie sospechó, que logré disimular todo mi malestar. Luego salí, respire hondo el aire frío de la calle y huí, literalmente huí.

Es el peor trabajo en el que he estado y, aunque parezca una contradicción, en el que más tiempo he durado. Una editorial de textos educativos en el Centro de Lima cuyo nombre no pienso repetir porque a veces, como una auto-terapia, intento olvidar. Fue el tercer trabajo en el que estuve y llegué casi de casualidad, como quien cae en un pozo ciego. Me pagaban al destajo, esa terrible modalidad de pago en la que al final del mes suman todo lo producido. ¿A qué me dedicaba? ¿Cuáles eran mis labores? Pues era una especie de editorcorrectordiseñadordiagramadorretocador y por cada una de mis funciones había un precio estipulado. Cada uno de ellos era muy bajo, por cierto. No puedo negar que aprendí algunas cosas, pero el sacrificio que tuve que pagar fue muy costoso. Nunca me pagaron a tiempo, en el año y medio que estuve ahí no hubo una sola vez en la que el sobre en el que nos entregaban el dinero en efectivo estuviese listo el día estipulado. Y las demoras no eran precisamente de un par de días, alguna vez pasaban casi 15 días hasta que se dignaban a pagar.

Creo que cometieron conmigo todos los abusos laborales imaginables. Me vejaron de todas las formas posibles y se aprovecharon de mi necesidad, de mi inexperiencia. Nunca mis proyecciones de salario coincidieron con mis cálculos previos, se las ingeniaban para frenar mi producción, para corregir cosas que estaban bien y para inventar mil excusas. Si un mes había calculado 1000, ese mes recibía 600 y en un par de ocasiones ni la mitad de eso. He vuelto a hacer desde el comienzo trabajos que ya estaban terminados, he pasado horas volteando textos para luego darme cuenta de que ellos no tenían ningún reparo en piratear.

Como era de esperarse, sus textos eran de dudosa calidad, por no decir que eran rotundamente terribles. Alguna vez los vi en grandes librerías y en vez de sentir cierto orgullo, sentía vergüenza de que exhibieran algo así. Por suerte nunca firmé nada, nunca quedó alguna huella de mi paso por ese lugar. Sólo el recuerdo, como una molestia sonsa que me acompañará toda la vida, como ser estreñido, como sufrir de gases. Algo digestivo que al cagar ya se habrá ido.

Una salida al cine

enero 29, 2009

De vez en cuando en algunos blogs o webs de cine he leído posteos de cines antiguos o “cines de barrio”, con una acuciosidad histórica y una añoranza de viejo que realmente me resulta muy aburrida y poco interesante, pero cada quien con su gusto, sinceramente nunca los leí pero este posteo me recuerda la veces que los deje pasar.

Ayer fui al Pacífico a ver “El Intercambio” (Changeling) de Clint Eastwood. El cine ha cambiado de apariencia muchas veces, tal vez mas de las que debió, pero así son las cosas la mayoría de veces, muy diferentes de como uno las imagina. Me alegró ver la larga cola de gente que esperaba comprar su entrada, por que ví lejana la posibilidad de que lo cierren nuevamente como algún vez ocurrió.

No recuerdo qué película fui a ver la primera vez que entré al Pacífico, pero sí que me acompañó mi padre, con quien no salía mucho en esa época, y mi hermana menor; y además recuerdo que fue la primera vez que pisé un cine en mi vida. En esa época todavía había intermedios, mezanines y matinés. Podría decir que ese día quedé prendado al cine y que ese es el motivo por que desde mi adolescencia lo he frecuentado tan seguido, tal vez la explicación freudiana de la Dra. Cachetada sería que las pocas salidas con mi padre originaron que me aferrara con mayor fuerza a esas visitas esporádicas al cine, o tal vez esa sensación de escape que producen las películas, los libros y algunas de las cosas que más me gustan. Pero todas esas serian estupideces, a mi el cine me comenzó a gustar muchos años después, cuando en mi paso por las aulas universitarias llevé un curso de apreciación cinematográfica con Jose Carlos Huayhuaca a quien además de sus libros le debo mi desmedida cinefília.

Luego vinieron los multicines, esos grandes colosos con muchas salas que abrieron en los noventas  y cambiaron todo; mas películas, no necesariamente mejores, merchandising, cajas por bolsas de canchita y todo mas norteamericanizado, era el efecto de la globalización. He ido a casí a todos los multicines del Lima y alguno que otro de provincia, y he visto de todo, en cuanto al cine soy omnivoro aunque no siempre todo me ha caído bien. Recuerdo que por esas épocas el Pacifico también se volvió multicine, pero el dramático cambio casi lo hace quebrar, sin embargo me quedo con una pequeña salita lateral fuera del complejo donde pasaban peliculas independientes y donde ví por primera vez Buena Vista Social Club.

Ayer volvi a ese cine de barrio, multicine pionero casi  quebrado, estructura viviente que lucha por sobrevivir en medio de tantas películas, epocas, cambios y gentes.

Todo empezó con un pequeño rectángulo blanco y vacío en en medio de la pantalla, un formulario de datos esperando ser llenado de letras que en ese momento todavía no tenían significado. Al “Debutante” que fue el primer blog que participé, me invitó mi socio en este blog hace ya bastantes años, el fue quién descubrió esta interfaz de posteos y bloguers, una nueva forma de expresar esas cosas que hace mucho decíamos y queríamos sean escuchadas. Pero como ocurre generalmente, fue un comienzo con muchas dudas y “El Debutante” fue un momento de experimentación. El elquemuchoabarca.blogspot.com describía muy bien el error y el acierto de ese adolescente blog que buscaba su primer polvo, en un ciberespacio lleno de mujeres traicioneras que nos prometieron  un puesto prominente en el ranking de perublogs,  en el que llegamos a ocupar el puesto 41, pero que luego nos abandonaban con lectores que solo entraban por nuestros amarillentos titulares y que desaparecian en el aire. Pero un polvo es un polvo, y este estuvo lleno de noticias insulsas, de esas reseñas cinematograficas que alguna vez pensé eran críticas pero que no llegaron ni a comentarios, de unas pocas crónicas, de fotos de mujeres semidesnudas, de trailers, de música y musas, pero finalmente de unas ganas desmedidas de decir mucho mas de lo que debíamos; en fin es entendible eramos debutantes.

Los debutantes se graduaron, no como Dustin Hoffman en aquella celebre cinta, pero se dieron cuenta que era momento de dejar a  un lado las precocidades; y se cerró el Debutante. Algunos siguieron un blog personal como Digo, es un decir, otros lo intentamos y no pudimos, como mi pequeño esfuerzo llamado “Evasión”, que tuvo tanto miedo de enfrentar la realidad que termino desapareciendo; y otros se quedaron y nos quedamos esperando alguna inspiración que para alguno nunca aparecio y  otros la llamamos “Sonómanos” uno de mis blogs preferidos y que esta proximo a relanzarse, un blog tematico que como deben haber adivinado tenia un eje plenamente musical, pero como de teoría musical y crítica y muchas cosas más no sabemos nada, decidimos que sea un blog que cuente como nos hace sentir la musica, como logra cambiar nuestro estado de ánimo y como siempre siempre nos recuerda algo o a alguien. Sonómanos no fue un bestseller, aunque tenemos la recondita esperanza que algun día lo sea.

Pero en medio de todo este viaje aparecio este blog, que intenta recoger uno aficción que se presentó sin serlo, como una amor a primera vista: la crónica. Ese género, usando un cliché, muchas veces olvidado pero tan preciado por algunos, y tan bien practicado por pocos, siempre me gustaron las de Jaime Bedoya en Caretas, el Pandemonio de Beto Ortiz y muchas veces la del dicharachero Eloy Jauregui que sigo últimamente en su columna en La República. Tal vez nunca llegaremos a ser estrellas pero lo intentaremos una vez como en esos blogs que dejamos y los que mantenemos. Intentaremos comenzar de nuevo.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.