Puerca gripe
mayo 11, 2009
La gripe es una cachetada al ego. Estar enfermo es una buena forma de ser conscientes de que somos tan frágiles como una pompa de jabón. De que andamos por ahí jactándonos de lo mucho que sabemos, de lo fuertes que somos, de todo lo que dominamos y de pronto, sin mediar aviso alguno, un organismo microscópico, una cadena molecular, algo tan ínfimo que su existencia nos es casi incomprensible, entra en nuestras células y nos causa un desbarajuste apocalíptico. No soy una persona enfermiza, es más, me siento orgulloso de mi buena salud, que, aparte de algún malestar estomacal y un resfriado al año, no tiene que preocuparse de nada más. Tampoco soy de los que se abandonan al primer malestar. Hace poco una amiga del trabajo me enseñaba un encantador mail feminista en el que afirmaban que para los hombres un resfrío es el fin del mundo, que no tenemos esa resistencia al sufrimiento que por naturaleza tiene el sexo femenino. Debo aclarar que no es mi caso, me gusta sobreponerme, seguir mi vida con normalidad, como si nada pasara. La procesión va por dentro y ningún estúpido virus, pensaba, podría hacerme tambalear. Hasta que, un día (como ayer, como hoy), no me queda más que claudicar, pero dando batalla, como siempre.
Tal vez fue una guerra que perdí desde un comienzo, porque empezó de una forma distinta, me atacó de una manera inesperada. A mí las gripes se me manifiestan por la nariz. Esta empezó por la garganta. Con un ardor sonso que duró más de un día. Tal vez si en ese momento tomaba alguna precaución todo hubiese sido distinto. Pero, fiel a mi estilo, porque si a algo soy fiel es a mi estilo, no lo hice. La noche de aquel día tomé algunas cervezas bien heladas. El sábado fui al gimnasio, sudé mucho, no me abrigué, a pesar de que la tarde y en especial la noche eran frías. Me duché, salí a la calle. Mientras tanto los síntomas de la maldita gripe se hacían más que evidentes. La mañana siguiente, que por suerte era domingo, no me sentía mejor que un estropajo.
Los síntomas de la gripe son siempre los mismos, en las mismas zonas. Solo difieren en intensidad. Uno puede tener la nariz tapada, con cierta dificultad para respirar. O puede toser, con una tos moderada y controlable. Hubiese querido que sea así, como las últimas veces que me ha pasado. Pero no, lamentablemente fue muy diferente. No voy a empezar a detallar los síntomas que tuve y que hasta ahora, en menor medida, me acompañan. Sólo diré que ese domingo (ayer, en referencia al día que escribo este texto), mi salud sufrió un deterioro progresivo que terminó en una noche que no quiero recordar. Y que ni los abnegados cuidados de mi amada pudieron disminuir. Fue una de esas noches en las que uno solo quiere dormir porque sabe que la mañana siguiente va a estar mejor, porque no se puede estar peor que eso.
Hoy es lunes por la tarde y me siento bastante mejor. Amanecí muy mal y, a pesar de todo, intenté ir al trabajo. Me duché (sí, no puedo salir sin ducharme, así esté al borde de la muerte), me abrigué y cuando estaba en el paradero me di cuenta de que todos mis esfuerzos eran inútiles. No estaba para quemar mi último cartucho. Ese día, hoy, lo heroico no iba conmigo. Regresé a mi casa, derrotado, pero tranquilo porque en el fondo sabía que estaba tomando la mejor decisión. En esta época, de epidemias globalizadas y de paranoias enmascaradas, un pobre y triste resfriado como yo, es visto casi como un poseedor de la peste bubónica en la Europa del Siglo XIV. Y a mis compañeros de trabajo los estimo bastante como para andar contagiándolos.
Por eso, a veces, no hay nada mejor que tirar la toalla y pasar un día en cama. Odio la gripe, pero al menos me dio tiempo para volver a escribir.
Día de San Valentin
febrero 22, 2009
No es un secreto entre mis amigos y familiares que me gusta el cine, y bastante. Sin embargo, no suelo confesar, si no es absolutamente necesario, que me gustan las comedias románticas. No solo por tratarse de algo poco masculino, sino también porque muchas de las que me agradan son muy malas o cursis, y no obstante ello, las veo una y otra vez. La última que vi en el cine fue “Marley y yo”, protagonizada por Owen Wilson, humorista y casi suicida, y Jenny Aniston, la favorita de América. Debo confesar que al final de la película estaba al borde de las lagrimas por no revelar que muchas de ellas se escaparon .. por Dios!! … tengo un labrador que otra cosa podía hacer.
Así que debido a ese escondido gusto que he decido hacer público, pensé que en ese día en el que se celebra el amor, la amistad, se compran e intercambian regalos y se elevan desmedidamente las ganancias de las tiendas por departamentos y hoteles o telos mataderos, según el bolsillo de cada uno; debía organizar una maratón de películas románticas, para que juntamente con el ser amado que ademas de otros secretos inconfesables también conoce de mi fascinación por este tipo de películas, pasar todo el catorce de febrero, para luego de que el azúcar haya inundado nuestros cuerpos hasta niveles mucho mas altos de los que pueda resistir el cuerpo humano tomarnos suficientes tragos amargos como para recuperar la lucidez.
Pero qué películas elegir entre esa tan grande cantidad de romanticismo cinefilo. Pensé, en principio, recurrir al método científico, hacer una búsqueda exhaustiva de las mas importantes comedias románticas de todos los tiempos, las más galardonadas e importantes, para finalmente, por flojera y sentido común, animarme a escoger aquellas que en mi memoria dejaron una huella mas indeleble.
Definitivamente una de las escogidas debía estar protagonizada por Meg Ryan y Tom Hanks, que tienen tres de las mas recordadas comedias románticas que he visto: “Joe y el volcán” “Sintonía de amor” y “Tienes un e-mail?”, me quedo con la última que es la que vi a la pareja mas consolidada. La imagen de Meg Ryan como el ícono de la comedia romántica americana me trajo una comedia de la que he escuchado hablar bastante pero nunca vi, “Cuando Harry conoció a Sally” protagonizada además Billy Cristal. Pero no podía tener dos con Meg, era demasiado, tenía que escoger una. Difícil decisión que decidí postergar.
La segunda debía ser diferente, fue fácil escogerla, una de las mejores comedias británicas que he visto últimamente, “El diario de Bridget Jones”, que si bien fue protagonizada por una norteamericana como Rene Zellweger creo un nuevo estilo de comedia que sería copiado con poco éxito por todo producto que saliera con posterioridad de la isla.
Necesitaba una clásica. Y se me ocurrió una que simplemente no que podía faltar “Pretty Woman”, aquella revolucionaria película protagonizada por Richard Gere y Julia Roberts, una verdadera superstar del género. Es interesante observar como en las comedias románticas que al parecer deben su éxito a la química que se genera entre sus protagonistas, los actores son perfectamente intercambiables en tantas y diferentes películas, sin que se afecte con ello en mayor medida el resultado, por lo que al parecer no es la química únicamente sino principalmente el carisma individual de cada uno. Hugh Grant, Rene Zellweger, Julia Roberts, Richard Gere, Meg Ryan, Tom Hanks y Billy Cristal, juntalos y revuelvelos para tener una gran variedad de comedias románticas, que van desde las antes mencionadas hasta “American swetheart”,” Novia fugitiva”, “Love actually”, y muchas otras mas de las que seguramente no me acuerdo.
Pero necesitaba una más y recordé a “Punch Drunk Love”, una película que tal vez no encajaría en el género perfectamente pero que tenía ganas de ver, y que además me trae a uno de los integrantes de otro dúo dinámico del género como Adam Sadler, que junto con Drew Barrymore hicieran clásicos instantáneos como “50 primeras citas” y “Cantante de bodas”.
Me encontraba sumido en esas profundas cavilaciones, cuando sonó el telefono y la dulce voz de mi novia canceló mis claustrofobicos y cinefilos planes. Nos ibamos de día de playa. Entre a mi cuarto y saque mi ropa de baño, tal vez para la proxima – pensé.
Máncora y los seres imaginarios
febrero 16, 2009
Llegamos a Mancora luego de un viaje de casi cuatro horas y nuestra primera impresión se resume en la frase “este sitio esta sobrevalorado” … el lugar no es muy grande, unas diez cuadras de casas improvisadas en negocios …en Mancora no hay balneario solo hospedajes, chupódromos y una eterna feria donde se venden pulseras, shakiras, aretes, collares y cosas por el estilo. El año pasado viaje bastante al interior y en pocos lugares he visto la afluencia de turistas foráneos que vi en Máncora, tomando en cuenta las dimensiones del lugar y sus atractivos turísticos que en realidad pueden resumirse en esa espectacular playa, tan amplia y prodiga que alcanza para dar clases de surfeo, nadar, subirse algún yate, pescar, recibir a un gran numero de visitantes, alquilar kajacs, tomarse unas fotos en la orilla, y permitir la existencia de los seres imaginarios.
Nos preparamos muy bien para el viaje – en realidad lo preparó todo mi novia sin la cual nuestras tropelías serian una pesadilla – sin embargo creo que no previó lo suficiente los efectos de ese sol en nuestro cuerpo, luego de los dos primeros días terminamos insolados pero bastantes felices, caminamos de la mano por la playa viendo el sol ocultarse y nos tomamos muchas fotos, pude nadar como en mucho tiempo no lo hacia y recordé que algunos lugares no nos hacen felices por si solos pero nos dejan recordar que la felicidad se encuentra en el rostro de la persona que esta frente a nosotros con una sonrisa en un momento del día en el que no podemos ver nada más.
Fue en la tercera noche cuando me percate de su permanente existencia. Estábamos sentados en uno de esos caribeños bar/pub/choza con vista a la calle cuando los ví pasar, siempre habían estado ahí pero fue en ese momento cuando me percate de su presencia, estaban por todos lados. Me acerque a uno de ellos, vendía pulseras hechas a mano, y luego de la previa compra me dijo que hace cinco años que vivía en Máncora, venía de Lima y estaba de paso todo ese tiempo, no sabía aun cuanto tiempo más pero me confesó que eso no importaba mucho. Luego conocimos a la administradora de una disco, es de la Guyana, un lugar que sinceramente casí no recordaba de mis clases de geografía, hace un año que administraba el lugar, habia conocido al dueño de tanto frecuentarlo, llegó con una mano atras y otra delante pero al mes consiguió ese trabajo, nunca lo habia hecho antes pero al parecer al dueño, un lugareño, le había caido en gracia por la cantidad de clientes que atraía su rubia figura.
Por el poco tiempo que me quede no logre adquirir maestría en identificarlos pero creo que puedo describir algunas de sus características: tienen una nula percepción del tiempo, confunden los meses con los días y a veces con los años, llevan el dinero solo necesario para sobrevivir y si pueden hacerlo sin él mejor, tienen un bronceado casi natural, por lo general van en grupos aunque también suelen encontrarse emparejados, tienen una gran preocupación por el medio ambiente, vi algunos limpiando la playa al caer la tarde y suelen reunirse en algunos lugares con un Karma especial como Máncora y su playa. Son gente amable, no nos odian pero rara vez nos entienden, somos gente apurada y preocupada por el dinero, que rara vez pueden disfrutar las cosas de manera tan pura, preocupados por la ropa, el auto, la casa, la luz y el cable. Ellos no viven en este mundo, en el cual son seres imaginarios.
Carnaval toda la vida – Análisis fotográfico
febrero 9, 2009
Febrero, mes de los carnavales. Época del año en la que siempre hay un buen pretexto para mojar o ser mojado. Y, aunque la autoridad trata de frenar el ímpetu festivo del limeño, la tradición y la palomillada pueden más que cualquier resolución municipal. Al jugador de carnaval, globo y betún en mano, no hay multa que lo amedrente, ni sereno (1) que lo detenga. Niños, jóvenes y viejos se divierten con un agua que escasea y que, concientes de los problemas medioambientales, reciclan con sabiduría ancestral.
La siguiente foto, aparecida en el popular diario Trome el día de hoy (9 de febrero de 2009), resume el espíritu de los carnavales limeños, una estampa de la alegría de este festivo mes:
Foto: Diario Trome – La Malcriada – 09-02-2009
Fotógrafo: Alan Ramírez
Lugar: Algún barrio populoso de nuestra capital. Puede ser una calle de Breña, Rímac, tal vez los Barrios Altos.
Hora: Por las sombras, las primeras horas de la tarde.
Para una mejor descripción, pasaremos a analizar individualmente a los personajes que aparecen en la fotografía:
El Comando Cobranza
febrero 2, 2009
Este post es un apéndice a Los trabajos que perdí I
El Comando Cobranza se formó como producto de la necesidad y el apremio. Se trataba de una iniciativa privada, con fines de lucro, cuyo objetivo, en un principio, era cobrar una deuda pendiente, un salario que llevaba más de un mes de atraso. Las penurias, vicisitudes y pesares por las que pasaron los miembros del Comando Cobranza ese frío y triste mes de Julio fueron indecibles. Ha pasado mucho tiempo hasta que me he atrevido, de alguna manera, a contarlas.
Yo era parte del Comando, que a la sazón estaba formado por tres integrantes. Todos víctimas del mismo pesar. Había pasado un mes desde la última fecha de pago fijada en la famosa editorial del Centro de Lima y no se veía, por ninguna parte, asomos del sueldo que se nos debía. El Comando Cobranza se reunió cada dos o tres días, durante ese mes, por las tardes, con la esperanza de desaparecer. Era una premisa que ya sus tres integrantes conocíamos: su existencia era efímera y su fin, aunque parezca contradictorio, era anhelado.
El Comando Cobranza no tenía un método, no poseía técnica alguna, ni aparato legal que lo avalara. Dependía únicamente del azar, de que alguna persona desconocida diese su brazo a torcer. Su génesis fue tan injusta como inesperada: Con el último de los salarios que habíamos recibido se nos había adjuntado una notificación, donde arbitrariamente nos decían que se descontaba cierta (importante, dolorosa) parte de nuestro sueldo, para ser donada a un compañero de trabajo que lo necesitaba por motivos de salud. Un compañero al que casi no conocíamos y que no se si estaría contento al recibir el dinero producto de tan arbitraria manipulación. La reacción fue casi instantánea: Pedir que se nos devolviera ese dinero bajo insinuaciones de hurto y agravio prepotente que al parecer amedrentaron temporalmente a nuestros empleadores y, a su vez, les dio pie para maquinar una posterior venganza.
El Comando Cobranza era el hijo no reconocido de esa venganza. Salía de un punto determinado de Lima y caminaba (por ahorrar en pasajes) las muchas cuadras que lo separaban de su destino. Fueron semanas de angustias, de vanas expectativas. La maldad no tiene límites, la ignorancia a veces lleva a la gente a cometer injusticias casi inenarrables. Contra eso batallaba el Comando, sin armas, sin medio alguno. Era una forma de acompañarnos, de solidarizarnos con nuestro pesar. Mientras esperábamos que esa tortura acabase.
Finalmente todo acabó y del Comando sólo quedaron recuerdos, sensaciones, palabras que el viento se encargó de esparcir. Y la constatación de que tenía alguien en quién confiar. Porque el Comando Cobranza no fue otra cosa más que eso, tres amigos que se acompañaban cuando la pasaban realmente mal.
Los trabajos que perdí I
enero 30, 2009
Uno de los momentos de mayor desazón de mi vida, fue durante una tarde de invierno, hace algunos años. Pocas veces me sentí tan desilusionado, tan frustrado, tan descontento. Recuerdo los rostros de las personas que me rodeaban, recuerdo sus expresiones, la penumbra de esa habitación, el olor a casona vieja. Todo era muy lúgubre, muy triste, a pesar de que a mí alrededor se escuchaban risas, bromas de mal gusto en las que me querían hacer participar. Fue la última vez que pisé ese lugar, en ese instante me lo propuse, sabía que no me volverían a ver, que no los volvería a ver. Antes de irme me despedí como si nada, imagino que nadie sospechó, que logré disimular todo mi malestar. Luego salí, respire hondo el aire frío de la calle y huí, literalmente huí.
Es el peor trabajo en el que he estado y, aunque parezca una contradicción, en el que más tiempo he durado. Una editorial de textos educativos en el Centro de Lima cuyo nombre no pienso repetir porque a veces, como una auto-terapia, intento olvidar. Fue el tercer trabajo en el que estuve y llegué casi de casualidad, como quien cae en un pozo ciego. Me pagaban al destajo, esa terrible modalidad de pago en la que al final del mes suman todo lo producido. ¿A qué me dedicaba? ¿Cuáles eran mis labores? Pues era una especie de editorcorrectordiseñadordiagramadorretocador y por cada una de mis funciones había un precio estipulado. Cada uno de ellos era muy bajo, por cierto. No puedo negar que aprendí algunas cosas, pero el sacrificio que tuve que pagar fue muy costoso. Nunca me pagaron a tiempo, en el año y medio que estuve ahí no hubo una sola vez en la que el sobre en el que nos entregaban el dinero en efectivo estuviese listo el día estipulado. Y las demoras no eran precisamente de un par de días, alguna vez pasaban casi 15 días hasta que se dignaban a pagar.
Creo que cometieron conmigo todos los abusos laborales imaginables. Me vejaron de todas las formas posibles y se aprovecharon de mi necesidad, de mi inexperiencia. Nunca mis proyecciones de salario coincidieron con mis cálculos previos, se las ingeniaban para frenar mi producción, para corregir cosas que estaban bien y para inventar mil excusas. Si un mes había calculado 1000, ese mes recibía 600 y en un par de ocasiones ni la mitad de eso. He vuelto a hacer desde el comienzo trabajos que ya estaban terminados, he pasado horas volteando textos para luego darme cuenta de que ellos no tenían ningún reparo en piratear.
Como era de esperarse, sus textos eran de dudosa calidad, por no decir que eran rotundamente terribles. Alguna vez los vi en grandes librerías y en vez de sentir cierto orgullo, sentía vergüenza de que exhibieran algo así. Por suerte nunca firmé nada, nunca quedó alguna huella de mi paso por ese lugar. Sólo el recuerdo, como una molestia sonsa que me acompañará toda la vida, como ser estreñido, como sufrir de gases. Algo digestivo que al cagar ya se habrá ido.
Una salida al cine
enero 29, 2009
De vez en cuando en algunos blogs o webs de cine he leído posteos de cines antiguos o “cines de barrio”, con una acuciosidad histórica y una añoranza de viejo que realmente me resulta muy aburrida y poco interesante, pero cada quien con su gusto, sinceramente nunca los leí pero este posteo me recuerda la veces que los deje pasar.
Ayer fui al Pacífico a ver “El Intercambio” (Changeling) de Clint Eastwood. El cine ha cambiado de apariencia muchas veces, tal vez mas de las que debió, pero así son las cosas la mayoría de veces, muy diferentes de como uno las imagina. Me alegró ver la larga cola de gente que esperaba comprar su entrada, por que ví lejana la posibilidad de que lo cierren nuevamente como algún vez ocurrió.
No recuerdo qué película fui a ver la primera vez que entré al Pacífico, pero sí que me acompañó mi padre, con quien no salía mucho en esa época, y mi hermana menor; y además recuerdo que fue la primera vez que pisé un cine en mi vida. En esa época todavía había intermedios, mezanines y matinés. Podría decir que ese día quedé prendado al cine y que ese es el motivo por que desde mi adolescencia lo he frecuentado tan seguido, tal vez la explicación freudiana de la Dra. Cachetada sería que las pocas salidas con mi padre originaron que me aferrara con mayor fuerza a esas visitas esporádicas al cine, o tal vez esa sensación de escape que producen las películas, los libros y algunas de las cosas que más me gustan. Pero todas esas serian estupideces, a mi el cine me comenzó a gustar muchos años después, cuando en mi paso por las aulas universitarias llevé un curso de apreciación cinematográfica con Jose Carlos Huayhuaca a quien además de sus libros le debo mi desmedida cinefília.
Luego vinieron los multicines, esos grandes colosos con muchas salas que abrieron en los noventas y cambiaron todo; mas películas, no necesariamente mejores, merchandising, cajas por bolsas de canchita y todo mas norteamericanizado, era el efecto de la globalización. He ido a casí a todos los multicines del Lima y alguno que otro de provincia, y he visto de todo, en cuanto al cine soy omnivoro aunque no siempre todo me ha caído bien. Recuerdo que por esas épocas el Pacifico también se volvió multicine, pero el dramático cambio casi lo hace quebrar, sin embargo me quedo con una pequeña salita lateral fuera del complejo donde pasaban peliculas independientes y donde ví por primera vez Buena Vista Social Club.
Ayer volvi a ese cine de barrio, multicine pionero casi quebrado, estructura viviente que lucha por sobrevivir en medio de tantas películas, epocas, cambios y gentes.
Como llegamos al comienzo
enero 27, 2009
Todo empezó con un pequeño rectángulo blanco y vacío en en medio de la pantalla, un formulario de datos esperando ser llenado de letras que en ese momento todavía no tenían significado. Al “Debutante” que fue el primer blog que participé, me invitó mi socio en este blog hace ya bastantes años, el fue quién descubrió esta interfaz de posteos y bloguers, una nueva forma de expresar esas cosas que hace mucho decíamos y queríamos sean escuchadas. Pero como ocurre generalmente, fue un comienzo con muchas dudas y “El Debutante” fue un momento de experimentación. El elquemuchoabarca.blogspot.com describía muy bien el error y el acierto de ese adolescente blog que buscaba su primer polvo, en un ciberespacio lleno de mujeres traicioneras que nos prometieron un puesto prominente en el ranking de perublogs, en el que llegamos a ocupar el puesto 41, pero que luego nos abandonaban con lectores que solo entraban por nuestros amarillentos titulares y que desaparecian en el aire. Pero un polvo es un polvo, y este estuvo lleno de noticias insulsas, de esas reseñas cinematograficas que alguna vez pensé eran críticas pero que no llegaron ni a comentarios, de unas pocas crónicas, de fotos de mujeres semidesnudas, de trailers, de música y musas, pero finalmente de unas ganas desmedidas de decir mucho mas de lo que debíamos; en fin es entendible eramos debutantes.
Los debutantes se graduaron, no como Dustin Hoffman en aquella celebre cinta, pero se dieron cuenta que era momento de dejar a un lado las precocidades; y se cerró el Debutante. Algunos siguieron un blog personal como “Digo, es un decir“, otros lo intentamos y no pudimos, como mi pequeño esfuerzo llamado “Evasión”, que tuvo tanto miedo de enfrentar la realidad que termino desapareciendo; y otros se quedaron y nos quedamos esperando alguna inspiración que para alguno nunca aparecio y otros la llamamos “Sonómanos” uno de mis blogs preferidos y que esta proximo a relanzarse, un blog tematico que como deben haber adivinado tenia un eje plenamente musical, pero como de teoría musical y crítica y muchas cosas más no sabemos nada, decidimos que sea un blog que cuente como nos hace sentir la musica, como logra cambiar nuestro estado de ánimo y como siempre siempre nos recuerda algo o a alguien. Sonómanos no fue un bestseller, aunque tenemos la recondita esperanza que algun día lo sea.
Pero en medio de todo este viaje aparecio este blog, que intenta recoger uno aficción que se presentó sin serlo, como una amor a primera vista: la crónica. Ese género, usando un cliché, muchas veces olvidado pero tan preciado por algunos, y tan bien practicado por pocos, siempre me gustaron las de Jaime Bedoya en Caretas, el Pandemonio de Beto Ortiz y muchas veces la del dicharachero Eloy Jauregui que sigo últimamente en su columna en La República. Tal vez nunca llegaremos a ser estrellas pero lo intentaremos una vez como en esos blogs que dejamos y los que mantenemos. Intentaremos comenzar de nuevo.
Un nuevo comienzo
mayo 27, 2007
Este post aparece con una fecha que no le corresponde, cuando hace casi dos años Christian y yo decidimos crear este blog, sin una idea clara del camino que seguiría.
Tal vez por eso quedó así. Abandonado. Con su título rimbombante y misterioso a la expectativa, en espera de que decidamos qué hacer.
Y, fieles a nuestro estilo, paso mucho para que lo hagamos. Casi de casualidad, en un encuentro que merece ser narrado en una crónica y motivados por fuerzas extrañas y desconocidas (que en realidad nosotros conocemos bien pero que no pensamos contarlas, al menos por ahora), estuvimos de acuerdo de que era hora de ponerle a fin a tanta desidia y empezar este proyecto tantas veces postergado.
No me voy a detener a explicarles qué significa la palabra Cronomatografía, puede ser un misterio o simplemente un producto de nuestras afiebradas mentes en una noche de alcohol. Tal vez encierre muchas de nuestras obsesiones, de nuestros gustos, de nuestras debilidades. Al fin y al cabo eso es lo que encontrarán en este blog, sin ningún orden en especial.
Bueno, en realidad este sólo es el comienzo y como todo buen principio uno nunca sabe qué va a pasar después. Por ahora sólo pasen y lean.

